Con este poemario, Mibelis Ramos decide sacar a la luz esas letras que alguna vez todos guardamos celosamente, como parte de nuestra memoria afectiva más íntima. Los poemas del primer encuentro con el propio ser, aquellos que se escriben con la pasión y la timidez que coexisten en la juventud temprana.

A estos se añaden los versos de un alma más adulta, que descubre la permanencia de los afectos, la búsqueda espiritual y la necesidad de conservar «las huellas de lo vivido».

En la palabra escrita permanece el recuerdo,

pues cuando se ha plasmado se ha hecho eterno.

Allí se conservan las huellas de lo vivido,

esas memorias vencidas por el olvido.

Mnemósine, madre de todas las musas, es también la personificación de la memoria (mnếmē). Una de sus hijas, Erató, es la musa de la poesía lírica y erótica. El poeta las invoca para que su pasión y sus emociones no sean borradas por el olvido.

Ritmo y musicalidad al servicio de la expresión

Antología del corazón conserva la esencia de la poesía lírica, entendida esta como la expresión poética de la subjetividad, los afectos, las emociones, la percepción íntima del mundo. Claro que no toda poesía lírica es autobiográfica; a veces es solo disfrute estético. En el caso que nos ocupa, la propia escritora confiesa que sus versos «…plasman algunas de las vivencias que me han hecho ser quien soy y narran la cotidianidad de un corazón joven».

En cuanto al objeto lírico, es decir, las personas, situaciones o hechos que despiertan la necesidad expresiva del poeta, en esta antología es plural: la pareja, la madre, los amigos, el espíritu, la misma poesía.

La tierra dejó de caminar

y el tiempo se tomó un descanso.

Sí, se detuvo, dejó de andar,

cuando me perdí entre sus brazos.

Aunque predomina el motivo amoroso en este poemario, su autora también plasma en algunos versos sus reflexiones en torno a ciertos valores universales, como la honestidad, la integridad, la humildad. Por ejemplo, con respecto a lo que el dinero no puede comprar:

Te puede dar realce y brillo

mas, sin embargo, no belleza,

porque esta es un regalo

de la prodigiosa naturaleza.

Los versos que el lector encontrará en la Antología del corazón expresan con sencillez y humildad experiencias comunes a todas las personas: amor y desamor, pasión y alegría, tristeza y soledad, certezas e incertidumbre. No hay en estas letras hermetismo ni mayores pretensiones que la de exteriorizar la propia subjetividad y dejarla allí para que otros se reconozcan en ella. En palabras de la misma autora, ya que «compartimos tanto en nuestra propia humanidad».

En sus aspectos formales, estamos ante la prevalencia del verso libre o verso blanco. No existe un patrón métrico homogéneo. El ritmo se logra a través del encabalgamiento y su opuesto, la esticomitia. Es decir, el uso de las pausas para detener y también para dejar fluir.

Ojos llenos de tanta dulzura

que casi me hacen perder la cordura.

¡Si pudiera perpetuar el instante en que me miras!

¡Tu mirada me hace sentir tan llena de vida!

Antologia-del-corazon

Una antología de amor por la palabra

En resumen, es este un poemario para dejarse llevar por la musicalidad y la emoción. No es para teorizar ni circunscribirlo a ninguna corriente poética. Mibelis Ramos dice que desde pequeña disfrutó «jugar con las palabras». Ese es el germen de toda escritura: el goce estético, la pasión por la palabra precisa, la felicidad de encontrar en ellas una resonancia de nuestras percepciones.

Palabras escondidas en lo profundo del ser,

sentimientos ocultos que batallan por emerger.

Es la indomable voz del corazón mismo

que vence la razón y expresa el sentido.

He aquí, pues, que la que escribe ya no soy yo,

mi mano se convierte en un instrumento del corazón.

Amar a las palabras, jugar con ellas, extender sus significados, de eso trata buena parte del incansable oficio del escritor. Es también un acto de fe, como lo expresa Mibelis Ramos, quien eligió continuar «andando como firme creyente de que las palabras y la poesía pueden cambiar el mundo».

Si eres un amante del arte de pintar con palabras, entra y acompaña a Mibelis en su recorrido por estas que ella ha escogido para darle voz a sus experiencias.

Por Nancy Rodríguez Pardo