Quienes escriben con regularidad tratan de esquivar los galicismos. Sin embargo, como cualquier extranjerismo, están allí y se cuelan por las rendijas más pequeñas de la lengua. ¿Sabes en qué consisten estas palabras y giros? ¿Cuándo son aceptables y cuándo hay que huirles?

En principio, todas las lenguas se han nutrido de otras desde sus inicios y lo hacen de forma constante. Los hablantes toman palabras y expresiones de lenguas foráneas y las integran a su idioma materno. En otros casos, usar un vocablo de otro idioma es solo una moda pasajera que se diluye en el tiempo.

Antes del imperio de las redes sociales, los préstamos idiomáticos eran adoptados en forma paulatina, puesto que no había tanto contacto entre hablantes de diversas lenguas. Hoy las palabras se transforman y mutan su significado a velocidad de vértigo.

No obstante, la norma sigue allí para tratar de conservar en lo posible la lengua por la cual nos comunicamos, en este caso, los hispanohablantes. Entonces, necesitamos saber cuándo estamos ante un préstamo idiomático ya adaptado y aceptado, y cuándo ante un extranjerismo innecesario.

Galicismos: ¿en qué consisten?

¿Sabes de dónde proviene la palabra ‘galicismo’ y qué significa? Gallus (ocupantes de la región de la Gallia) llamaron los romanos a los celtas que se asentaron en la zona que hoy ocupan Francia y Bélgica. Por eso a los franceses también se les llama galos. Y por eso se denominan galicismos aquellos términos que otras lenguas toman del francés.

Así como el español acogió palabras y modos del latín, o del árabe, así también los tomó del francés. Hoy son parte de nuestro léxico. Cuando adoptamos un extranjerismo, y la academia de la lengua lo adapta, el mismo pasa a formar parte de nuestra lengua.

Así, por ejemplo, vamos a un restorán, pedimos el menú y ordenamos un suflé de vegetales; los términos subrayados son préstamos del francés, es decir, galicismos. Las voces restaurant, menu y soufflé fueron adaptadas a la fonética y la morfología del español para integrarlas al léxico.

Entonces, galicismo es todo préstamo lingüístico del francés, haya sido aceptado, o no, por las instituciones que norman el uso de la lengua. Los galicismos pueden ser léxicos, es decir, palabras y locuciones; y también pueden ser gramaticales, cuando se copian estructuras del francés.

Galicismos léxicos: las palabras que tomamos del francés

A diario utilizamos palabras de origen francés, incluso algunas de ellas como un calco del original. Las escribimos con letra cursiva, por ser extranjerismos «crudos». Otras han sido adaptadas a la fonética y la morfología del español. Estas últimas están integradas a nuestro léxico y, por lo tanto, no se marcan gráficamente con ningún tipo de letra especial. Por ejemplo:

    • Baguete por baguette, suflé por soufflé, champán por champaigne, banquete por banquet, bachiller por bachelier, chofer por chauffeur, ruleta por roulette, afiche por affiche, bombón por bonbon, bulevar por boulevard, joya por joie, etc.

Ejemplo de vocablos que se han impuesto casi sin modificaciones:

    • Dossier, boutique, amateur, chef, vedette, cliché, élite, festín, paté, peluche, etc.

Como es fácil de ver, los préstamos enriquecen a las lenguas, pero solo cuando se integran de manera natural porque suplen vacíos léxicos de la lengua que los acoge. Es el caso de los tecnicismos, que se integran al vocabulario porque no existe en la lengua una palabra para designar esa nueva actividad, técnica o herramienta.

Se considera al galicismo un error cuando es un calco innecesario de vocablos, locuciones o estructuras sintácticas. Los galicismos más problemáticos al momento de escribir son los sintácticos, como veremos a continuación.

Locuciones y estructuras galicadas: aléjate de ellas

Hay expresiones de uso común que pueden ser un galicismo y constituir error. Por ejemplo, cuando escribimos «avión a reacción» y resulta que la expresión aceptada por el español es «avión de reacción». También hay galicismo cuando escribimos «Es por esto que», en lugar de «es por esto por lo que».

Este tipo de construcciones se consideran error en casos como:

    • “Es por ello (esto, eso) que”. La forma correcta en español es: “Es por ello por lo que”. No obstante, puede ser simplificada como “Por eso (esto, ello)”.

En lugar de: “Es por eso que no volveré a llamarte” è “Por eso no volveré a llamarte”.

    • En lugar de «Cocina a gas», «Olla a presión»  è «Cocina de gas», «Olla de presión».

    • Expresiones como “ayer noche (o tarde)” son un calco innecesario del francés (hier soir). En español lo correcto es escribir “ayer por la noche (o por la tarde)”.

Se puede observar en algunos casos que la locución extranjera se prefiere por ser más breve. De todas formas, hasta tanto la norma sea cambiada, debemos elegir la forma en español. Cuando esta parece complicada, siempre es posible darle un giro a nuestra expresión.

Los galicismos gramaticales más comunes

Seguro que has leído (y escrito) más de una vez frases tales como: “problemas a resolver”, “Es un modelo a seguir”, “Pasos a seguir”. Sí, son muy comunes, pero son todas formas erróneas de expresarse en español. Algunas, de hecho, son redundantes.

En buena parte de los casos, estas formas se prefieren porque suelen ser más breves que la forma española. Si el equivalente de la expresión en español es muy largo, siempre queda la posibilidad de darle un giro total a la oración. Evita las siguientes construcciones:

    1. Sustantivo + preposición “a” + infinitivo. Algunas de estas son redundancias, como: “Modelo a seguir” (los modelos son algo digno de imitar); “Objetivos a cumplir” (para eso son los objetivos, para llevarlos a efecto); “Tareas a realizar” (por definición, una tarea es “un trabajo que debe ser hecho”), entre otros.

    1. “A nivel de” + sustantivo o adjetivo. En español, la locución “a nivel de” tiene el significado de altura o de orden jerárquico. Su uso con el significado de “en”, “en cuanto a” o “en relación con” es un galicismo. Entonces, en lugar de “La artrosis produce dolor a nivel de las rodillas”, lo adecuado es: “en las rodillas”.

Muchas veces, algunas de estas construcciones terminan por aceptarse. Por ejemplo, a la RAE no le ha quedado más remedio que aceptar la construcción “Sustantivo + a + infinitivo” para su uso en el ámbito administrativo: “Monto a pagar”, “Cantidad a debitar”.

Ante la duda, consulta a los expertos

Como sabemos, las lenguas son entes cambiantes, que van adaptándose al uso y a la costumbre. Incluso así, hay normas que las resguardan de la anarquía. Se trata de un equilibrio.

En el caso de los galicismos, algunos se usan tanto que es muy probable que terminen por formar parte de nuestro léxico. Otros son del todo innecesarios, así que lo mejor es evitarlos. Si tienes dudas al momento de escribir, y no sabes si la expresión que usas es la más adecuada, no dudes en consultar las páginas especializadas.