Nací un 25 de julio, sí, de la Generación X, en un hermoso pueblito llamado Tabay, a escasos once kilómetros de su ciudad capital, Mérida. Fui criado en la hermosa e inolvidable capital de Venezuela, Caracas, donde estuve hasta mis 18 años. Para ese entonces ya asomaba la vena de redactor

Trabajando como mensajero interno de un gran banco, desempeñaba la actividad adicional de redactar los informes quincenales del departamento, algo que hice por iniciativa propia. Antes, a muy temprana edad, fui ayudante de mi madre en su trabajo de vendedora de ropa importada en varios mercados capitalinos.  

Caracas me dio el regalo más hermoso de la vida: Angie, mi hija, con quien regresé a Mérida, cuando tenía apenas un añito de edad. Ya en Mérida, inicié mis estudios de Derecho. Lo hice en la ilustre y bicentenaria Universidad de Los Andes, de donde egresé ya en tiempos de la Generación Z. 

Inicios profesionales y de redactor instrumental 

Tenía un año de graduado de Abogado cuando tuve el inmenso honor de ser designado como Prefecto Civil de mi pueblo natal, Tabay. Yo insistía en hacer algo como redactor, y me dispuse a modificar el texto de las actas de nacimiento, ajustándolas a la realidad. 

En 2006 tuve la oportunidad de desempeñar un cargo diferente en la administración pública, pero en el estado Amazonas, una región completamente desconocida para mí. En esa tierra mágica, me desarrollé y me di a conocer como profesional del derecho, primero como director de recursos humanos, luego como consultor jurídico. 

Como consultor legal de la primera autoridad civil del municipio, tuve la oportunidad de aprender mucho sobre el ordenamiento jurídico aplicable. Pero también tuve la oportunidad de redactar un amplio grupo de instrumentos, como decretos, reglamentos, contratos y procedimientos administrativos. En la redacción de estos el redactor que llevo dentro pudo lucirse. 

Nadie es profeta en su tierra 

Así reza el refrán popular; y creo que tuve la oportunidad de experimentarlo. Esto ocurrió cuando, ya en el libre ejercicio de la abogacía, me destaqué en el litigio en tribunales, frente a la administración pública municipal, de la que ya había sido su asesor. 

Y es que, frente a los exabruptos cometidos por empleados municipales, no quedaba otro recurso que recurrir a los tribunales competentes a dilucidar la controversia. Durante esos años de constantes encuentros en audiencias judiciales, comprendí que, siendo mi gran pasión, el derecho, siempre sería mejor un mal arreglo privado que un buen pleito en tribunales. 

Las actividades en la administración pública y el posterior retorno al libre ejercicio lo acompañé con la docencia. Tuve el honor de ser profesor universitario durante 10 años, donde el redactor que llevo dentro desplegó mucho de sus conocimientos para compartirlos con sus estudiantes. 

Redacción legal fue la asignatura o unidad curricular en la que más participé, y tanto coordinadores como estudiantes agradecían que los acompañara en ese transitar. 

El retorno del hijo pródigo 

No es tal, pero se adapta a la narrativa de esta autobiografía. Tarea nada fácil, por cierto, porque cumplida como fue mi misión en esa hermosa tierra mágica, llamada Amazonas, retorné a mi hermosa Mérida. Este hecho casi coincidió con la declaración de la pandemia. Y, bueno, iniciar el trabajo como abogado en una ciudad que había dejado 15 años atrás, era eso: comenzar desde cero. 

Precisamente con ocasión del “encierro” obligado, una exalumna, coordinadora de un Instituto Profesional en Amazonas, me contactó. Lo hizo para ofrecerme un espacio en sus Aulas Virtuales de Aprendizaje, a los fines de ser el redactor y dictar un curso de redacción. Así surgió el Primer Curso de Redacción Legal e Instrumental online, que dictaba en mi vida… 

Experiencia maravillosa, con un éxito rotundo, que nos llevó a extender el curso durante seis temporadas. Aquí el aprendizaje, al igual que en mi experiencia como docente universitario, fue recíproco. Siempre se lo dije a mis alumnos: “Ustedes no imaginan cuánto se aprende mientras se enseña…” 

Descubriendo el redactor oculto 

Dictando la cuarta temporada de mi curso, descubrí en Twitter una invitación para participar y ganar un cupo como redactor de contenido. “…Para una página web que tengo con mis hermanas…”, decía un mensaje que me envío @Marie Ramos. 

Presenté mi prueba, aprobé y luego tuve el inmenso honor de “conocer” a @Mibelis Ramos y a @Morelbis Ramos. Ellas son las hermanas Ramos Urdaneta, las “jefas” que llevan las riendas de @Redactores Alfa. Esta empresa, con sede en Bogotá, Colombia, me ha brindado la maravillosa oportunidad de desarrollarme en el mundo del marketing digital, en el área de la redacción de contenido

El primer trabajo que me asignaron era sobre “cómo hacer que los puntos de venta funcionen correctamente, bajo temperaturas extremas”. Fue algo realmente agotador, por decir lo menos. Me hablaron de la keyword, vaya usted a saber qué era eso. También de escribir 25 palabras por oración (y aquí estoy violando esa regla), y de no sé cuántas otras cosas que jamás en mi vida había escuchado. 

Recuerdos que provoca traer al presente 

Cómo no recordar la paciencia de mi tocayo @Ángel Medina, hoy día jefe de corrección y administrador de @Redactores Alfa; me llevó prácticamente de la mano hasta la culminación de ese primer trabajo. Si no se lo había dicho, aprovecho la oportunidad para agradecerle públicamente por tanto, aprecio mucho sus consejos y enseñanzas. 

A estas alturas, creo que voy en la recta final de mi autobiografía. A partir de ese primer contacto en Twitter, con la siempre hermosa Lady Marie, mi vida prácticamente se reduce a mi otra gran pasión recientemente descubierta: mi otro yo, el redactor.

Redactores Alfa

Redactar para esta familia, y no es un simple cliché, estereotipo o lugar común, porque es una hermosa familia, además de ser un reto, se ha convertido en todo un honor. Y es que ser el “especialista en criptomonedas y blockchain” de @Redactores Alfa es una responsabilidad bastante grande. Responsabilidad que acepto con toda modestia con la esperanza de estar haciéndolo bien. 

Hoy ya son 2 años paseándome por los “pasillos virtuales” de esta empresa, redactando contenido y aprendiendo de cada redacción a “aplicar técnicas de marketing de contenidos para posicionar sitios web”.  

Y es que si en 2012, cuando me hablaron por primera vez de Bitcoin, hubiera tenido la información que tengo hoy, gracias a esta pasión (que no trabajo), estaría invirtiendo en @Redactores Alfa para impulsar la empresa hasta el infinito y más allá o “to the Moon”

Y aquí estoy, como redactor, celebrando dos años de éxitos, dos años de más de 1 millón 200 mil palabras, dos años de constante aprendizaje, dos años de experiencias enriquecedoras; dos años que agradezco al Gran Arquitecto del Universo y a mi familia por acompañarme en mis locuras, y a cada uno de los que han hecho posible esta hermosa aventura. 

Por Ángel J. M. Prada 

 

Reconocimiento

Para Redactores Alfa es un verdadero placer contar con profesionales que no solo están altamente capacitados, sino que demuestran gran pasión y entrega en todo lo que hacen. Ese es, sin duda, el caso de Ángel Prada. Siempre demuestra un gran deseo de aprender y superarse día a día. Siempre está en sintonía con un equipo que persigue incansablemente la excelencia y no se conforma con menos.  

En sus 2 años de actividad con nosotros se ha hecho merecedor de recibir el reconocimiento de “El millón de palabras” que, como su nombre lo dice, premia a los miembros de nuestro equipo cada vez que alcanzan la redacción de esta cantidad de palabras.  

Y es que valoramos y queremos reconocer la fidelidad de los redactores que, como Ángel, se han mantenido a través del tiempo trabajando muy activamente con nosotros. ¡Muchas gracias! 

Redactores Alfa